La muerte de la pluma estilográfica

En la historia de la pluma estilográfica, como de cualquier periodo que guarde alguna relación con el hombre, ha habido sonados nacimientos y tristes defunciones. La estilográfica fue durante mucho tiempo el artículo de escritura más usado, lo cual favoreció la proliferación de marcas de plumas de escribir dispuestas a aportar su granito de arena.

Muchas de las marcas de plumas estilográficas que hicieron historia ya no están entre nosotros. Descansen en paz. Es cierto que quedan marcas como Faber-Castell, Parker o Waterman que vienen fabricando plumas desde el siglo XIX. Podemos decir que el mejor de sus hitos es sobrevivir a la muerte de la pluma estilográfica.

Muerte de la pluma estilográfica. ¿Cuándo ocurrió?

Pues como muchos sabrán, o habrán adivinado, la pluma estilográfica se echó a un lado para dejar paso al bolígrafo (bollpoint pen, en inglés), que irrumpió con fuerza en los años 60 del pasado siglo. (Ya hemos escrito mucho sobre el origen del bolígrafo). El bolígrafo presentaba un modelo de escritura más práctico que la pluma estilográfica. Perdía en glamour, cierto, pero ganaba en pragmatismo.

Algunas de las marcas de plumas estilográficas incursionaron también en el mundillo del bolígrafo (rara será la marca de pluma estilográfica en pleno siglo XXI que no fabrique bolígrafos), pero no todas sobrevivieron.

Peter Twydlye, uno de los mayores especialistas en plumas estilográficas del mundo, autor del libro Fountain Pens , asegura –en cierta manera, a contracorriente, pues otros expertos no están de acuerdo– que el éxito de la emblemática Parker 51, una pluma con el plumín encastrado, es decir, casi escondido, “contribuyó al ocaso de la pluma estilográfica. Como el plumín no era flexible, para lo bueno o para lo malo, no permitía el florecimiento que el plumín abierto y flexible permitía”.

Lo que ocurrió, pues, fue que al estar el plumín escondido y al perder la flexibilidad propia del plumín habitual (sobre todo los de la época), la Parker 51, la pluma más famosa del momento, era poco menos que un bolígrafo. De ahí a dejar la pluma estilográfica para usar exclusivamente bolígrafos solo faltaba un paso.

Se perdía la personificación propia de la pluma estilográfica y se pasaba al bolígrafo, muy útil pero con prestaciones estándar.

La pluma estilográfica, hoy

¿Y qué pasa con la pluma estilográfica hoy? ¿Está muerta, está vida o se ha ido de parranda? Pues podemos decir que, pese a las nuevas tecnologías, se ha convertido en artículo bastante demandado, con más encanto que el bolígrafo y por tanto, en principio, se postula como un regalo que puede gustar a todo el mundo. (Y conste que hay bolígrafos preciosos que también estimulan nuestro paladar).

La pluma estilográfica nunca recuperó su estrellato de antaño, pero quizá siga siendo el artículo de escritura más cautivador que podamos encontrar, y con un grado de personificación (marcas, modelos, colores, trazos de plumines, variedades de tintas –de tintero o en cartucho– que podamos imaginar).

¡Larga vida a la pluma estilográfica!

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