Marcel Bich, impulsor del bolígrafo BIC

En un blog de escritura como este se hace pertinente repasar, aunque sea de manera sucinta, la figura del barón Marcel Bich (1914-1994), que tanta importancia tuvo en la implantación del bolígrafo BIC cuando el bolígrafo era aún un utensilio que estaba en pañales.

Hemos hablado en más de una ocasión del periodista y hombre multidisciplinar Ladislao Biro, el inventor del bolígrafo (otro día hablaremos de algunos precursores de Biro, que no llegaron tan lejos). Biro, que era zurdo, ya había inventado una estilográfica para zurdos antes de crear su famosa birome.

Ladislao Biro tuvo un papel primordial en cuanto a bolígrafos se refiere, pero no es menor el de Marcel Bich, cofundandor de BIC, que es, desde hace mucho tiempo, la marca de bolígrafos más vendida del mundo.

Bich, nacido en Turín, era hijo de un ingeniero francés, Aime Mario Bich, que había heredado de su bisabuelo el título de barón.

Marcel Bich, sin inventar nada, mejoró (y mucho) el bolígrafo de Biro y le dio una dimensión entonces insospechada.

En 1946 ya tenía un taller en Clichy, Francia, en el que se fabricaban plumas estilográficas y bolígrafos para la marca de artículos de escritura Waterman. Como visionario que era, entendió las posibilidades del bolígrafo de Biro y compró la patente a Ladislao Biro y a su hermano George. A partir de ese momento se entregó a hacer grandes mejoras. Digamos, pues, que Biro puso en marcha el motor y Bich pisó el acelerador.

De Bich fue la idea de hacer transparente el cuerpo del bolígrafo y añadir aristas para mejorar su ergonomía. Y como hombre de negocios que era llegó a la conclusión de que sus bolígrafos, que al principio estaban al alcance de pocos bolsillos (ya dijimos que BIC era un artículo de lujo), debían abaratarse para que todo el mundo pudiera comprarlos. Y trabajó mucho para que fueran desechables. El éxito no tardaría en llegar.

Bich entendió a la perfección la importancia de la publicidad, y con buen criterio acabó aceptando eliminar la hache final de su apellido, para que fuera más sonoro el nombre de la marca. Y así llegaríamos al famoso bolígrafo BIC.

El bolígrafo BIC Cristal

El bolígrafo BIC Cristal (lanzado en 1953) tuvo un éxito inmediato, y vendió millones de piezas. Hoy se estima que BIC vende 20 millones de unidades al día (aunque estas cifras pueden variar según la fuente).

¿Por qué tiene tanto éxito el bolígrafo BIC? Son varios los factores: su bajo precio (gracias a su minimalismo y al uso de materiales baratos), su disponibilidad (se puede comprar en muchísimos lugares de todo el planeta), su eficacia (puede escribir durante tres kilómetros sin gastarse)… Razones poderosas, ¿verdad?

BIC es más que bolígrafos

Aunque la mayoría asociamos la marca BIC a los bolígrafos desechables de bajo coste, lo cierto es que la empresa también vende otros artículos (que nada tienen que ver con la escritura) como cuchillas de afeitar y mecheros. BIC lanzó al mercado los mecheros (o encendedores) en 1973 y las cuchillas de afeitar en 1975. Huelga decir que estos artículos venden mucho, si bien no alcanzan las cifras de las ventas de los bolígrafos.

Debemos pues concederle a Marcel Bich que hay comercializado a tan alto nivel de popularidad artículos que han permitido a millones de personas escribir, encender un cigarrillo o afeitarse. Tareas cotidianas sin las cuales no podríamos vivir.

Bich cometió un error con el perfume. Compró la empresa Guy Laroche en 1971 y tuvo la idea de vender perfumes en las estaciones de servicio, una iniciativa que no le daría resultado.

Marcel Bich, el empresario, el hombre pragmático, aristócrata y amante del mar, falleció en 1994, con 80 años. Se había casado tres veces y tenía once hijos. Su fortuna se calculaba entonces en 600 millones de euros.

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