Contra los jóvenes lectores

jóvenes lectores
R.B. Stevenson

La infanta Leonor y la Casa Real han vivido en los últimos días cierto ruido mediático, generado en las redes sociales, con motivo de la publicación de una revista en la que se daba a conocer el perfil como lectora de la infanta Leonor, a quien al parecer le gustan Lewis Carroll, Robert Louis Stevenson, Roald Dahl, J.R.R. Tolkien o la película El viaje de Chihiro.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que derrocar a un rey es la ilusión y la tarea encomendada de muchos, las redes sociales han intentado hacer mofa del asunto, obviando que si dejamos a un lado al cineasta Kurosawa, también citado entre las predilecciones de la infanta, los demás autores escribieron libros juveniles harto conocidos: Alicia en el país de las maravillas es de Lewis Carroll, La isla del tesoro (de Stevenson), La fábrica de chocolate (Roald Dahl), El hobbit (Tolkien), etcétera.

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Breve apunte sobre Tolkien

Breve apunte sobre Tolkien

No revelo ninguna novedad al señalar la sutil barrera que separa al amante de la “lectura alternativa” del lector de la “literatura de adultos”. Salvo honrosas excepciones, no es habitual que los primeros se interesen –valgan los ejemplos– por el teatro de Shakespeare, las novelas de Isaac Bashevis Singer o los cuentos de Raymond Carver. Tampoco los seguidores de lo que ha venido a llamarse pomposamente la Gran Literatura suelen prestar demasiada atención al género fantástico, que va desde la novela épica a la ciencia-ficción pasando por la novela ciberpunk. Sin embargo, a veces surge un libro que une a lectores de uno y otro signo. Ése podría ser el caso de El señor de los anillos, de J.R.R Tolkien, profesor de Oxford y especialista en literatura medieval. Tolkien labró el camino a ese mundo mitológico de hobbits, elfos y hombres ya desde su primera publicación, El Hobbit (1937), que escribió para sus hijos, entonces unos niños.

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