Pistoleros de quita y pon

Pero ¿quién puede afearle algo a Lafuente Estefanía? Más bien lo contrario: consiguió que numerosos lectores acudieran a los quioscos de prensa para intercambiar sus novelas con otras personas. Resulta candoroso tanto esfuerzo para leer una y otra vez la misma narración con distinto título, pero supongo  que muchos grandes lectores de hoy pasaron sus primeras páginas gracias a esos pistoleros que –como recuerda Martínez de Sousa– reaparecían en la novela aunque hubieran muerto en capítulos anteriores.