Relato corto de Ramón Asís Alonso: Visita domiciliaria

Era la última visita que haría. Ya había acudido el nuevo médico titular para remplazarlo. Subió por la escalera, angosta y oscura, los cuatro pisos, ya que no había ascensor. Era una casa de vecindad, muy antigua de un barrio periférico, en una zona devastada, mal iluminada y a la que había que llegar por un descampado. Desde el descansillo, oscuro, con olor a pobreza y a verdura hervida, llamó a la única puerta que allí había. La abrió una niña pequeña con ademán de estar esperándole, ya que no hizo ninguna pregunta al dejarle pasar. Apareció una mujer joven, despeinada, sin arreglar, secándose las manos en un delantal, y sin más dijo: “Pase usted, doctor. Aquí está mi padre”. Le condujo a un pequeño habitáculo, sin otra ventilación que la cortina que lo aislaba del pasillo, donde solo había una cama y una bombilla pendiendo del techo que apenas daba luz. Hacía un calor asfixiante y olor a fiebre. Sobre la cama reposaba un anciano de escaso peso y respiración dificultosa a quien auscultó y palpó su vientre.

–¿Qué tal le encuentra, doctor?

–Debe ir a un hospital. Está grave. Tiene una pulmonía muy avanzada.  Es necesario que beba mucha agua y hay que ponerle antibióticos en vena. Llame a este teléfono para que venga una ambulancia para su traslado.

–No tenemos seguro social, doctor.

Buscó en su maletín unas medicinas y le dijo a la mujer que una era para la fiebre y la otra para la infección. Que al día siguiente le visitaría el nuevo médico titular.

Al alcanzar a la calle respiró el aire frío con alivio y tristeza.


Este cuento de Ramón Asís Alonso está publicado en su libro Jubilación anticipada (2018)

 

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