Los peligros de la mala escritura

Los peligros de la mala escritura

«La caligrafía surgió en la oscuridad de las cuevas hace al menos 50.000 años. Cuando una de esas formas pintadas en las paredes logró expresar algo concreto para la comunidad surgió el primer signo, y cuando este se unió a otros fue posible la primera lectura. El origen del alfabeto como tal se reduce a un puñado de trazos utilizados para tomar notas de registro por los funcionarios del Imperio Medio de Egipto hacia el año 1850 antes de Cristo. Nuestro propio alfabeto procede de la escritura de los fenicios, que habitaban en ciudades costeras del actual Líbano como Tiro, Beirut, Sidón y la misma Biblos, la principal exportadora de papiro del mundo antiguo y a quien debemos la palabra biblioteca».

El monje de la mala letra, Ignacio Rubio, El País.

 

LA MALA ESCRITURA

Buscando información sobre técnicas de escritura literaria he encontrado en Internet –fruto de los vasos comunicantes– un reportaje publicado por Time en 2007 en el cual se afirmaba que en Estados Unidos mueren cada año 7000 personas por culpa de la mala redacción de los médicos que escriben a mano. Resulta que la ilegible caligrafía de los doctores induce por error a los farmacéuticos a suministrar medicamentos o cantidades erróneas de estos. La noticia me ha llamado la atención: yo creía que era una de las pocas personas del planeta que identifica la mala escritura como un mal a evitar, una enfermedad sin escrúpulos, algo así como el tifus o la malaria, y ahora vienen estos 7000 cadáveres anuales a darme la razón desde sus tumbas. O sea que miles de personas  mueren cada año no por culpa de enfermedades al uso, sino por el capricho de vulgares erratas lingüísticas.

Los doctores americanos no quedan bien parados en este informe, pero los españoles tampoco pueden jactarse de la calidad de su caligrafía. Siempre me ha llamado la atención la sagacidad con la que nuestros farmacéuticos logran descifrar con la ayuda del Carbono 14 –a veces en improvisado consenso– la escritura jeroglífica garabateada por los doctores en modernos papiros de la Seguridad Social.

El uso generalizado del ordenador debería cambiar todo esto. Así sería más difícil acudir a la farmacia con la receta de antiinflamatorios para calmar el malhumor del lumbago y regresar a casa con una vigorosa caja de viagra. Queda demostrado que rehusar las nuevas tecnologías es un capricho que entraña mucho peligro.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo

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