Lectores en busca de autor. ¿Dónde empieza y dónde termina la autobiografía a la hora de crear personajes?

 

Siento defraudar ligeramente a determinados lectores al confesar que, si bien los personajes que habitan mis escritos pudieran estar en ocasiones inspirados remotamente en personas de carne y hueso, no se da nunca el caso de que esa inspiración sea tan rotunda como para que alguien pueda sentirse ofendido. Escribo “ligeramente” porque no creo que consiga defraudarles del todo.

Me consta que el deseo inconsciente de muchos lectores es tener un escritor a mano, ya sea un amigo, vecino, conocido o compañero de trabajo a quien echarle en cara ciertas indiscreciones llevadas al papel. ¿Ejemplos de esas indiscreciones? No haber sabido acallar esta o aquella circunstancia; haber narrado situaciones que ambos compartieron cierto día del que la memoria nunca debería hablar, etcétera… En definitiva: lo que estos lectores, rebeldes sin causa, reprocharán al escritor es haberles robado su esencia (como si eso fuera tan sencillo). De nada servirá que este intente librarse del acoso explicando al lector que no había pensado en él o en ella cuando escribió aquella frase, aquel párrafo, aquella página. El autor podrá jurarle al sufrido amigo/conocido/compañero/etcétera: “Puedes estar tranquilo, no era a ti a quien describía en mi relato, y aquella mujer que engaña al marido tampoco es la tuya, ni ese empresario de pomas fúnebres que defrauda a Hacienda es tu padre” con la certeza de que, lejos de apaciguarlo, no conseguirá otra cosa que enfadarlo aún más. ¿Por qué? Lo diré: solo hay algo que irrita más al lector vanidoso que verse retratado en una novela o en un relato: no verse retratado en ellos. No son ahora los personajes pirandellianos quienes buscan autor, sino el sufrido lector.

Rebajas
Madame Bovary: Mœurs de province (Folio Classique)
Gustave Flaubert - Editor: Gallimard Editions - Tapa blanda: 528 páginas
8,00 EUR - 0,40 EUR 7,60 EUR

Madame Bovary c’est moi, dijo Flaubert. Pero a eso a muchos lectores no les supone ningún alivio. ¡Ellos quieren ser Madame Bovary a toda costa y no están dispuestos a que les sea negado el capricho! Y es que si ellos no son el personaje pierden la legitimidad de arremeter contra quien –siempre desde su punto de vista– les ha robado su esencia: ese gran vampiro de almas que viene  a llamarse pomposamente “escritor”.

Insisto: la inmensa mayoría de los personajes de mis libros son deudores principalmente de mi imaginación y no tienen cuentas pendientes con personas de carne y hueso a quienes yo deba dar explicación alguna. Si alguien tiene la poco comprensible necesidad de sentirse un personaje de estos libros, o de cualquier otro, sepa que lo hace bajo su entera responsabilidad. Yo he escrito siempre desde los márgenes de la realidad y los guiños a lugares y situaciones concretas son solo eso: guiños.

Una vez expresado este legítimo ejercicio de autodefensa, no tengo nada más que decir.


Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y editor de blogs de literatura y corrección lingüística.

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