La seductora ficción | ¿La realidad siempre pierde la batalla?

Mis hijos ignoran a nuestras dos perras mientras disfrutan como niños –es decir, como lo que son– viendo La patrulla canina. El poder de la ficción es más atractivo que la realidad. Betty y Vilma son dos seres caseros sin pulsión por la aventura. No hacen otra cosa que comer, ladrar o incluso roncar. No hablan, no se ríen, no participan en divertidas misiones para salvar a la comunidad y por si fuera poco tiemblan en cuanto lanzan un petardo navideño en la calle. Sus posibilidades quedan muy lejos de las de los miembros de la patrulla canina, ese grupo de eficientes, simpáticos y descomplicados perritos a los que todo les sale bien y para los cuales, como se encarga de recordarnos su líder, “no hay nada imposible”.

Pero si en la ficción para niños no hay nada imposible, en la gris realidad para adultos casi nada es posible. Puede que la realidad supere a la ficción, como nos empeñamos en creer con frecuencia, pero es más aburrida y salvo en los casos de optimismo congénito no genera adicción.

No culpo a mis hijos por adorar esos dibujos animados donde la realidad brilla por su ausencia. Yo mismo prefiero muchas veces entretenerme con una reala de cachorros capaces de tripular todo tipo artefactos móviles (helicópteros, coches, excavadoras) a regodearme con las noticias de un asesinato de odio o con el enésimo homicidio machista.

Es la paradoja de las sociedades occidentales: por mucho que nos afanemos en construir un mundo mejor, este nunca le llegará a la suela de los zapatos a esa realidad paralela que es la ficción, sujeta no a las leyes de la física sino de la imaginación y que sabe permutar la tiranía de lo imposible por la alentadora aventura de lo posible.

Mis hijos creen que todo lo que sucede en La patrulla canina es real. Su ingenuidad y su capacidad de asombro son dos virtudes que solo el cruel paso del tiempo se encargará de emponzoñar.

Francisco Rodríguez Criado es escritor, corrector de estilo y editor de blogs de literatura y corrección lingüística.

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