Hoy vamos a hablar de los escritores por parejas, y lo vamos a hacer de la mano de Enrique Gallud Jardiel (Valencia, 1958), prolífico escritor español con más de cien libros publicados. Es doctor en Filología Hispánica, profesor universitario, actor y director teatral, y por encima de todo esto –o al menos al mismo nivel– un estudioso y divulgador de la literatura en general y de su abuelo, el famoso Enrique Jardiel Poncela en particular, cuya biografía publicó en 2014: Jardiel, la risa inteligente).
En la obra de Enrique Gallud Jardiel destacan la erudición y el juego picaresco y humorístico. Como muestra, ahí va este pequeño botón literario, “Escritores por parejas”. El texto está incluido en Historia estúpida de la literatura (Espuela de Plata, 2014), que es, como reza su contraportada, un “libro que –con todo cariño y dentro de los límites del más estricto buen gusto– pone sabiamente en solfa a los autores pelmazos, los libreros infumables, a los clásicos soporíferos, a la preceptiva académica, a los estudiosos pedantes, a las investigaciones absurdas y a otros varios aspectos de ese negocio del que comen los libreros y al que muchos se empeñan en tontamente en definir como arte literario”.
Escritores por parejas, por Enrique Gallud Jardiel
La idea para este escrito sobre la época de las colaboraciones literarias me las dieron Gabriel y Galán, los dos famosos e inseparables poetas, y que escribían con estilos muy parecidos. No eran los únicos. Tenemos otros casos notorios, como Ramón y Cajal y también Vilanova i Geltrú, hasta que se divorciaron. (La Geltrú vive ahora en Ibiza, una comuna que practica el amor libre).
Se trata de alabar las virtudes del cooperativismo literario entre dos y, en cualquier caso, comentar sus características. Así es que hablaremos de modalidades de colaboración literaria.
LOS QUE ESCRIBEN JUNTOS Y TAMBIÉN IGUAL, como los hermanos Álvarez Quintero, que compartían bigote. Patio andaluz, jovencita pizpireta y ¡ya está!: comedia costumbrista que te crió. Cuenta la leyenda que cuando uno de los dos murió (la familia no tuvo claro cuál de los dos había sido) el que quedó firmando sus comedias como “Serafín y Joaquín” por lo que deducimos que o bien tenía un serio problema de personalidad, o bien se trataba de un único hermano desde un principio: nunca hubo dos. Y si no eran dos, el que no era no era ni hermano siquiera. En fin: un lío.
ESCRIBRÍA UNO Y FIRMABAN DOS: como en el caso de los Machado en aquellas insufribles obras como La Lola se va a los puertos (a hacer con los marineros lo que todos imaginamos, comedias escritas con la aviesa intención de Cármenes Sevillas del futuro hicieran películas cinedebarriables. Ya se sabe que los Machado eran dos: el Machado bueno (Antonio, un pedazo de pan) y el Machado malo (Manoliyo, señorito andaluz un poco malaje). Queremos creer que estas comedias las hizo íntegramente el segundo y repartió los derechos con su hermano (con la consiguiente paradoja de que el malo resultó ser un hermano bueno) o que pidió a su hermano que fuera a registrarlas a la Sociedad General de Autores, ya que él estaba con gripe en cama, y el otro le traicionó e insertó su nombre como co-autor sin pedirle permiso (con lo que resultaría que el hermano bueno, en realidad, era malo). No nos aclaramos.
ESCRIBÍAN LOS DOS Y SÓLO NOS ARCORDAMOS DE UNO. Sucedió con gran cantidad de obras escritas en colaboración por Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández. ¿Y quién era este segundo Pedro del que nadie sabe nada? ¡A quién le importa! Era un hombrecillo gris, no tenía bigote como el otro y ni siquiera consiguió que le mataran en ninguna guerra.
- Enrique Gallud Jardiel (Escritor)
ESCRIBÍA UNO Y LUEGO EL OTRO PONÍA LA DIVERSIÓN. Caso de decenas de escritores que colaboraron con don Enrique García Álvarez, olvidado mentor del astracán, el tipo más gracioso y más vago que recibía a sus amigos en la cama y les invitaba a meterse en ella para estar calentitos mientras hacían una lectura de sus escenas. El otro lo hacía, con el traje puesto, y ahí se estaban los dos escribe que te escribe y planea que te planea. No había nada pecaminoso ahí. Si el colaborador conseguía tener a don Enrique despierto el tiempo suficiente, conseguía material cómico de primera para salpimentar sus otrora insulsos argumentos.
ESCRIBÍA UNO Y COBRABAN LOS DOS, como sucedió con «Azorín», quien, después de criticar a Pedro Muñoz Seca, colaboró con él (es un decir) para ganarse unos duros. Muñoz Seca escribió: «Azorín» cobró y todos tan felices (porque al primero lo que le gustaba era escribir y al segundo, cobrar).
Otras colaboraciones curiosas:
Escribía uno (Christopher Marlowe) y otro (William Shakespeare) ponía directamente su nombre y estrenaba.
Escribía uno en castellano (Juan Ruiz de Alarcón) y otro lo traducía al francés (Pierre Corneille) y lo presentaba como obra original.
Escribía uno (Leonidas Andreyev: El gobernador) y otro, años más tarde, cambiaba la ambientación y publicaba la misma historia (Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada).
Lo peculiar de estas colaboraciones era que una de las dos partes colaboraba y no llegaba a enterarse de que lo hacía.
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