El oficio de escribir en Californication

el oficio de escribir en Californication
Escena de Californication

Aceptemos sin traumas que el objetivo del cine no es ofrecer una estampa fiel de la realidad. Bien mirado, ¿cómo podríamos evadirnos de la realidad con una copia mimética de esta? Dicho esto, el tratamiento que reciben algunas profesiones en películas y series televisivas roza lo paródico. Un buen ejemplo es Californication, serie que narra el día a día de un afamado escritor que sobrevive en la jungla de Los Ángeles. La narración acoge todos los tópicos sobre el oficio de escribir: la crisis del folio en blanco, los excesos con el alcohol y las drogas, la venta del alma al diablo, el éxito fácil con las mujeres o la inspiración creativa como dama casquivana, ajena a la voluntad del autor.

La vida del escritor, por lo general aburrida e introspectiva, levanta el vuelo en Californication para convertirse en un travieso ejercicio de nihilismo artificioso del escritor estrella Hank Moody (protagonizado por David Duchovny), un deslenguado más preocupado de sus erecciones que del devenir del mundo.    

Moody es lo más alejado de un escritor de carne y hueso. Siempre asediado por mujeres hermosas de las que no puede o no quiere desembarazarse, encarna, subido en su coche deportivo, una imagen canallesca y desinhibida del escritor. No lee libros ni la prensa, no frecuenta librerías ni bibliotecas y, por si fuera poco, ni siquiera escribe. Su mayor preocupación intelectual es acostarse con tres mujeres por capítulo mientras trata de recuperar a la madre de su hija con un ramillete de frases incendiarias dignas de una película porno.

Californication es una magnífica ilustración de lo que no es un escritor.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo.

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