Escribir

Desde que comencé a redactar artículos para este diario, en diciembre de 2015, nunca he faltado a mi cita semanal. No falté siquiera cuatro meses después, cuando comencé a recibir un tratamiento contra el cáncer. No me detuvo la quimioterapia, ni los días de depresión, ni el agotamiento. Tampoco falté a mi cita cuando el nervio ciático me postró en cama.

El pensamiento novelesco

¿Existe un pensamiento novelesco? Todo suena a que el Pensamiento se atribuye a la Filosofía mientras que la novela más bien parece que se conforma con contar una historia. Pero, al decir esto, conviene hacer una aclaración lateral, porque muchas de las quejas que se dirigen a la novela del siglo XX enarbolan, precisamente, la protesta por la falta de historias de estas novelas. Así que la aclaración es una primera afirmación: toda novela cuenta una historia, incluso las que parecen que no la cuentan. Y, puesto que en el cuento de una historia estamos, la siguiente pregunta asoma en seguida: ¿qué es contar una historia? Para responder, vayamos a una segunda afirmación: en la novela moderna, contar una historia es contar el desarrollo de un movimiento de conciencia. Y he de decir que me atrevería a retroceder hacia tiempos anteriores a los de la novela del siglo XVIII al XX con la misma afirmación, pero eso nos desviaría del camino que me propongo seguir.

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Narradores compulsivos

narradores compulsivos
Escritor francés Honoré de Balzac

Decía André Malraux, en alusión a Balzac, que cuanto más largas son las descripciones menos ve el lector. Estoy de acuerdo. Aun reconociendo que no se entiende la genial pluma de Balzac sin su elocuencia, me decanto por un lenguaje económico donde descripciones, reflexiones y acciones transiten sin un gasto innecesario de tinta. El exceso verbal en la comunicación –y la literatura es esencialmente comunicación– llega a ser como esos árboles gigantescos que impiden ver el bosque.

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Breve apunte sobre Tolkien

Breve apunte sobre Tolkien

No revelo ninguna novedad al señalar la sutil barrera que separa al amante de la “lectura alternativa” del lector de la “literatura de adultos”. Salvo honrosas excepciones, no es habitual que los primeros se interesen –valgan los ejemplos– por el teatro de Shakespeare, las novelas de Isaac Bashevis Singer o los cuentos de Raymond Carver. Tampoco los seguidores de lo que ha venido a llamarse pomposamente la Gran Literatura suelen prestar demasiada atención al género fantástico, que va desde la novela épica a la ciencia-ficción pasando por la novela ciberpunk. Sin embargo, a veces surge un libro que une a lectores de uno y otro signo. Ése podría ser el caso de El señor de los anillos, de J.R.R Tolkien, profesor de Oxford y especialista en literatura medieval. Tolkien labró el camino a ese mundo mitológico de hobbits, elfos y hombres ya desde su primera publicación, El Hobbit (1937), que escribió para sus hijos, entonces unos niños.

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Cuento tragicómico de Isaac Bashevis Singer: El autor

Para mayor obstáculo de la difusión de sus narraciones, Isaac Singer eligió una lengua dormida: el yiddish. La crítica dice de él que es el autor en yiddish más famoso del mundo. Cuando abandonó su país, huyendo del totalitarismo nazi, tenía treinta y cinco años. A diferencia de otros intelectuales exiliados a Estados Unidos, como Nabokov (que curiosamente empezó a escribir sus novelas en inglés durante su estancia en París), Singer nunca adoptó el idioma de Shakespeare, aunque en ocasiones ayudase en la traducción de sus novelas.

Las características de su obra, abundante en cultismos y referencias bíblicas, filosóficas y científicas, enmarcada siempre en el ámbito judío, parecen agravar aún más el hecho de que no sea un autor de masas en nuestro país. Como tampoco lo son, pese a su reputación, otros escritores judíos: Amos Oz, Gore Vidal, los Roth (Henry, Joseph y Philip), Bernard Malamud

Rebajas
Cuentos (CONTEMPORANEA)
Isaac Bashevis Singer - Editor: DEBOLSILLO - Edición no. 1 (11/14/2019) - Tapa blanda: 1024 páginas
14,95 EUR - 0,75 EUR 14,20 EUR

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Francisco Umbral, un gran prosista que no necesitaba corregir sus escritos

Dependiendo de la importancia que les conceden a las correcciones, encontramos diversos tipos de escritores. Está el escritor que corrige compulsivamente hasta el punto de que apenas avanza con la redacción; el escritor que corrige al tiempo que redacta; el escritor que no corrige porque considera que esta tarea le resta frescura a su escritura; el escritor que se corrige incluso antes de comenzar a escribir, forzando así el miedo al folio en blanco; el escritor, como Italo Calvino, que siente la necesidad no solo de corregir sino de reescribir sus textos; el escritor que no corrige sus escritos por pereza o por desconocimiento –o por ambas razones…

Cómo escribir un best seller

Cómo escribir un best seller

Escribir un best seller (o superventas, por usar la voz castellana) es uno de los deseos –confesos o inconfesos– de numerosos autores, incluidos muchos que, tratando de aparentar cierta autoridad moral, dicen escribir para sí mismos, de espaldas a cualquier pretensión de éxito comercial.

Parir un libro de estas características es muy difícil. El término best seller es en sí reductivo, pues alude a un número selecto y por tanto escaso de libros –también de discos– que lideran los índices de ventas.

¿Se puede enseñar a alguien a redactar un superventas? Tengo serias dudas. Los estudios de mercado rara vez aciertan. Pregúntenle a las editoriales. Muchas de ellas malviven durante años sin conseguir un solo superventas, y otras, más afortunadas, lo consiguen con el libro menos esperado.  

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Vladimir Nabokov

Fogatas literarias

fogatas literarias
Escritor Vladimir Nabokov

Leyendo un número atrasado de la revista de literatura Quimera me entero de que Vladimir Nabokov, antes de morir, mandó quemar su novela inacabada ✅ The original of Laura , y que ahora sus herederos no acaban de decidir si deben seguir las indicaciones del escritor o bien lanzar la obra al mercado. Esta historia nos remite al asunto de Kafka y su editor, Max Brod . El primero, casi inédito en vida, le pidió al segundo que quemara todos sus manuscritos. Si ahora disfrutamos de los libros de Kafka es porque Brod fue un chico desobediente y pasó esos textos no por el fuego sino por el tráfago de la imprenta.

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Los peligros de la mala escritura

Los peligros de la mala escritura

«La caligrafía surgió en la oscuridad de las cuevas hace al menos 50.000 años. Cuando una de esas formas pintadas en las paredes logró expresar algo concreto para la comunidad surgió el primer signo, y cuando este se unió a otros fue posible la primera lectura. El origen del alfabeto como tal se reduce a un puñado de trazos utilizados para tomar notas de registro por los funcionarios del Imperio Medio de Egipto hacia el año 1850 antes de Cristo. Nuestro propio alfabeto procede de la escritura de los fenicios, que habitaban en ciudades costeras del actual Líbano como Tiro, Beirut, Sidón y la misma Biblos, la principal exportadora de papiro del mundo antiguo y a quien debemos la palabra biblioteca».

El monje de la mala letra, Ignacio Rubio, El País.

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La innecesaria necesidad de escribir

necesidad de escribir
NEW YORK, NY – 1980: «In Cold Blood» author and popular literary figure, Truman Capote. (Photo by George Rose/Getty Images) *** Local Caption *** Truman Capote

En los cuestionarios realizados a escritores es habitual encontrar preguntas como “¿En qué cuidad del mundo le gustaría vivir?” o “¿Cuál es su idea de la felicidad?”. Sonrío con maldad al leer estos ligeros y prescindibles interrogatorios de urgencia. En fin, no culpo a nadie, con algo hay que rellenar las páginas de las revistas, periódicos y suplementos culturales.

Creo recordar que Truman Capote  se hacía preguntas similares en su “Autorretrato”, incluido en el libro Los perros muerden. Concebidas originalmente con intención literaria (si acaso ese “Autorretrato” es el origen, el modelo que después han seguido tantos periodistas), es apreciable que estas interrogaciones pierden fuerza cuando llegan al escritor de nuestros días. Otra pregunta típica, “¿Por qué escribe usted”?, es despachada en no pocas ocasiones con dos palabras: “Por necesidad”. Y la duda que me asalta es: “¿Realmente se escribe por necesidad?”

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